-         ¡Oh, vosotras cuya belleza rebasa límitesOh, hembras que adoro y a las que imploro! ¡Oh, mujeres divinas cuyo letargo y descanso eterno aún yace más allá de lo que mi mente puede ver! ¡Intento hablaros a vosotras, mantener un largo conversar, oír vuestras vocesOh, diosas, no me hagáis sufrir más! He venido a imploraros perdón y pleitesía, a arrodillarme ante vuestra presencia y besaros vuestros hermosos pies para poder conseguir un poco de piedad. Sois vosotras de quienes necesito la paz y la condescendencia y requiero ahora mismo el sonido de vuestra cálida voz, la luminosidad de vuestra presencia, el cariño de vuestro olor que endulza mis sentidos y me lleva a la locura. ¡Oh, benévolas, os necesito! Quiero hablaros de un mal que he cometido. Quizá no deba obtener vuestra justicia, quizá ni siquiera me sea lícito haceros perder el tiempo con mis palabras, quizá vosotras estáis allende donde yo pueda si quiera avistar, sois vosotras tan grandes y tan perfectas que es casi un insulto el que yo intente si quiera acercárseme a vuestras personalidades. Pero incluso yo, el más humano de los humanos, cuando realmente quiero ser el menor de ellos, cuando lo que se ve de mí no es más que un insulto a su raza; yo mismo soy quien quiere veros. Quiero hablaros de ese mal que he mencionado, ese insulto hacia vuestra persona, que me avergüenza y atormenta. Antaño mi presencia ante vuestra belleza me era posible, aunque ¿me era realmente posible? No lo sé, lo dudo ¡nunca lo he sabido! ¿Cómo puedo saber si algo está a mi alcance cuando no se me muestra, cuando todo parece un camino de espinas que no paran de arañar mi piel si intento estar en vuestra presencia? Siempre ha ocurrido así desde que os conozco, ¡oh, moiras!, mi persona ha sido siempre rechazada, oculta tras blasfemos, no sólo ante vosotras sino también ante otros seres, aquellos cuya vida les es robada, que creen en falsos ídolos y en erróneas verdades, ¿por qué me rechazan -me preguntaréis? Porque alguna razón tendrán. Y por supuesto que la tienen, es cierto, pues ¡yo los rechazo a ellos! ¡Fijaos bien en lo que son! ¿Es que no lo veis? ¿Creéis acaso que son criaturas benévolas, que tienen derecho a vivir sus vidas? ¿y qué decir de su sociedad a la que siguen sin desobedecer y sin romper la cadena? ¡No soportan a los que lo hacen, ni nunca lo han hecho! Es por ello por lo que me rechazan y por lo que yo los rechazo, ¿pero cómo no los voy a rechazar?¿cómo voy a estar de acuerdo con una sociedad que implora el autoodio y la creación de una falsa perfección? ¡Fíjense bien ustedes, diosas! Todos quieren ser iguales, quieren ser como lo que creen que es perfecto ¿pero no es en sí la perfección una imperfección y más que eso una contradicción ergo es imperfecto? ¡Ni siquiera entenderían la fuerza de estas palabras, no son más que inútiles atisbos de lo que pueden llegar a ser! ¿Pero por qué ser algo distinto a lo que son si ello causa esfuerzo alguno? ¡Pero si pretenden cambiar siempre para parecerse a otros! Sé que esto es lioso y contradictorio, ¡pero es que ellos lo son! ¡Y prefieren no pensar en ello pues su cerebro no daría para tanto! ¿Y vosotras divinidades? ¡Me odiáis por la misma razón! Y lo peor de todo, cuando más me habéis odiado no es cuando he actuado diferente que vosotras, ¡al contrario! ¡me criticáis de cometer vuestros errores, de realizar actos que vosotras mismas cometéis! ¿Cómo me podéis culpar de vuestros errores, almas de belleza sin límite? ¡No lo entiendo! Quizá por eso os rechace, quizá por eso. Aunque ese mal no debería ser tan grave, porque realmente no merecía tanta atención, simplemente me basta decir que si algo se rompe tan fácilmente es que el hilo no era lo bastante fuerte (y por mi parte estaba bien atado, moiras). Pero esto es una tragedia, preciosas ¡y esto ha de acabar mal! ¡Vuestra belleza me ciega cual luz a la que faltaba nombrar! ¿y qué hay de los judas que siempre caminan entre nosotros a quienes se les echa la culpa del mal que nosotros mismos cometemos? Siempre ha sido y será así, nadie lo puede cambiar. Tan siquiera yo. Por eso me marcho ¡oh, benévolas moiras! ¡Dadme vuestro beso final! De momento sólo quiero mirar al mar.

 

José ZERAV Malvárez Carleos a 14 de Mayo de 2004

Pd: en serio, lo que ¡oh vosotros! Digáis, lo digo de verdad: me da igual